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Que loco. El bebé de al lado de mi casa llora en LA menor.
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3 archivos encontrados
(ctrl) tristeza por el mundo.dat (click!) tristeza por la gente.dat (click!) tristeza por uno mismo.dat (click!)
(del)
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Resulta que uno es pibe y el vecino lava el auto en la vereda. Entonces se procede a fabricar un barquito de papel para luego depositarlo sobre la terrible correntada que se arma junto al cordón de la vereda.Se sigue al barquito en su apacible recorrido hasta la esquina.
Ahora bien, si uno lo único que hace es seguirlo y saludar a la imaginaria tripulación antes de que se lo trague la boca de tormenta, corre el riesgo de ser catalogado de nenaza, por lo que uno se encarga de llenar la cubierta de ramitas y piedras o le tira con el rulero y uvas verdes tratando de volcarlo. Si uno es medio animal también le puede dejar caer un ladrillo de lleno, pero tiene menos gracia. Si te creés muy original podés cargarlo con todas las hormigas que encuentres y prender fuego una punta antes de ponerlo en el agua, pero a mi nunca me cayó bien la crueldad hacia animales, insectos u otros seres superiores.
Si naciste después del 86 más o menos, ignorá todo esto, porque seguro lo estás leyendo desde un cyber mientras en la otra ventana te estás llenando de balazos con el Counterstrike y no sabés ni armar un barquito de papel.
Y no, no busques en Google.
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Un día te buscan y te encuentran. O los buscás vos y se dejan encontrar. Incluso a veces ambos estaban buscándose y se cruzan. La cosa es que algún día deciden perderte, o para cuando te diste cuenta ya los perdiste vos.
A veces perdí gente por ahí y nunca nadie se preocupó por buscar. Un par de veces busqué, y no encontré nada. O encontré, pero apenas sombras de lo que alguna vez había sido. De vez en cuando noto que soy yo el que tiene los bolsillos agujereados.
A veces el enemigo es uno mismo, eso es jodido.
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Un terrón de azúcar se tira de una nube. Cae por los aires dando vueltas sobre sí mismo para momentos después chocar contra el espeso lomo de una oveja. Dos, tres rebotes y aterriza finalmente en la nieve. El terrón de azúcar queda casi perfectamente oculto en la nieve, casi perfectamente camuflado. Pasa el tiempo y nadie ni nada lo nota, hasta que llega el verano y la nieve se hace agua y se hace arroyito. El terrón de azúcar navega y desemboca en un patio de baldozas blancas. Y se queda ahí.

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