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Tirando a la nochecita me clavé hora y media de bondi para ir a ver a este 'seor actuando /cantando en una obra que realmente nos pareció muy buena a esta señorita y a mí. Llegué tarde (para variar) y la obra aún no había empezado (para variar). Después nos fuimos los 3 a cenar / tomar algo por esa zona de pitucos bares bretones. Terminamos entrando en uno del cual no recuerdo el nombre, pero sí les podría decir que tiene una decoración bucanerística que es una bosta untada en una galleta de arroz. Bueno, happy hour mediante llegué a ese estado en el que decís: "Me parece que la última cervecita estuvo demás". La pregunta que sonaba a mi al rededor era: "Jaco, ¿y vos mañana tenés un parcial?" y mi respuesta: "Sep".
Salimos (pagamos antes), caminata, hora y media de bondi de nuevo. Llegué a mi casa 5.15 a.m., dormí una hora y media y me clavé otra hora y media de bondi de nuevo. Ya lo de la cervecita demás era una certeza. Llego a la facultad, espero, viene el profesor y me dice: "No Jaco-, no hace falta que vos des el parcial". Bueh... Estuve a punto de agarrarlo de la solapa y decirle: "AAH NOO!! AHORA ME LO TOMÁS HIJO DE PUTA PORQUE TE CAGO A PALOSSSS!!!!!". Pero no lo hice y me fuí. Mientras volvía pensaba que si me clavaba una hora y media de bondi otra vez iba a morir, así que opté por el subte y tren. Iba en el subte y pensaba: "Que loco, hubiera jurado que la estación Carlos Gardel quedaba para el otro lado". Minutos después: "Que loco, hubiera jurado que la estación Pueyrredón quedaba para el otro lado". El desenlace ya se lo imaginan. Me cago en mí.
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Si señor, acá esta pasando algo muy malo.
Como ustedes habrán podido leer en posts anteriores, la semana pasada estuve con parciales. El primero, de Economía, una materia que aborrezco con toda mi alma, que no me interesa ni un cachititito así: (.) y que realmente me deprime cuando voy a las clases y escucho como se maneja el mundo. Mi desempeño con dicha materia es poco más que lamentable, cosa que me hizo recursarla el cuatrimestre pasado. Sin embargo entregaron los parciales, y yo me saqué un 8. Vale aclarar que no fue precisamente uno de esos parciales en los que aprueban todos... Bastante sorprendido con la inoperancia de mi irresponsabilidad y dejadez me preguntaba: ¿Qué pasó? ¿Acaso no fue lo suficientemente poco el tiempo de estudio? ¿No tuve menos ganas de aprender Economía que Gastronomía Islandesa?
Como si esto fuera poco, hoy voy a la facultad y me entregan el parcial de Probabilidad y Estadística, materia que me produce una reacción alérgica solo por estar relacionada con las matemáticas y cuyas clases son más densas que el mercurio. La nota: 9. ¡Puta madre!. No más drogas antes del parcial. Pero no, en un ataque de locura que rayaba con la codicia se me ocurrió ir a preguntar por que me habían puesto como "mal" el último ejercicio que yo había encarado de una forma un poco "loca" . ¿Las consecuencias? Me pusieron un 10. ¡Estúpido!
Y siempre que algo va mal, se puede poner peor, la profesora se me enamoró, se colgó a hablarme 15 minutos cuando ya se habían ido todos y no la desalentaban frases mías como: "bueno chau, hasta el jueves que viene", no, ella seguía, me contaba todo lo que faltaba por ver, me recriminaba no tener las correlatividades al día, me hizo prometerle que cuando meta el final la vaya a ver (¿?), me acompañó por las escaleras y como buen pelotudo que soy cuando me fuí la despedí con un beso. En ese momento pude ver como mi ser se desdoblaba y mi otro yo me cagaba a trompadas por imbécil. Y todo esto en una etapa de mi vida donde estoy al borde de patear la carrera y solo espero que me vaya mal para tener una justificacion decente. Mal ¿entedés? ¡MAL CARAJO! hooola ¡hay alguien ahí?
Más maniobras de un Dios sádico.
UPDATE: Empiezo a sospechar fuertemente que un profesor mío del secundario al cual llegué a odiar bastante, tenía razón: "Cualquier boludo es ingeniero"
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Tengo un amigo que es más larva que yo (inserte aquí un "wow!" a discresión) que quiere aprender a tocar la armónica pero no es capaz de gastarse unos pesos para comprarsela. Así es que hace unos días soñé que yo le regalaba una armónica, me desperté, me entusiasmó la idea y el lunes compré una para regalársela. Pero lo que me trae a escribir este post no es mi estúpida y tardía generosidad, sino el librito de "Aprenda a tocar Armónica" que conseguí por unos pocos pesos.
Para empezar, fue escrito por un tal "Pomito", vaya nombre simpático. Ya tener ese apodo y vivir para publicarlo es digno de admiración, al menos por mi parte, así que me cayó bien. La tapa del librito reza: "1994-2002 Hecho, actualizado y firmado por POMITO" y al lado de eso se ve una firma que dice... Pomito. Yo pensé: "¡jua! que loco, ¡el tipo se firmó todos los libritos!" y después afinando un poco la vista se pueden ver impresos esos puntitos tan característicos del JPEG en las cercanías del trazo de la supuesta birome. Jajaja, truchoooo! la firma está escaneada e impresa en la tapa... junto con toda la tapa que denota una impresión a chorro de tinta. El interior no es mucho más promisorio, dado que las hojas son fotocopias.
La primera hoja dice: Los sonidos de este libro se pueden bajar de INTERNET, blablabla Teléfono de Pomito: (15) 4936-2771
¡Buenísimo! está el teléfono del tipo. Mortal. El resto del librito es bastante loco, hay errores de tipeo, de ortografía, párrafos que empiezan y al dar vuelta la hoja... no siguen, en definitiva, no creo que las 20 carillas que lo forman te puedan enseñar nada. Pero lo que más rescato son los consejos finales:
- Lávese la boca antes de usar el instrumento. - Tenga buenos pensamientos cuando toca. - Y por último, sea una buena persona, la música con los tipos jodidos no funciona.
Deme dos.
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Estoy otra vez envuelto en esa loca neblina perfumada que atenta contra mi higiene personal, contra mi apego al suelo, contra mis horas depresivas.
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¡Hey loco! ¡Reaccionen! Sí, a todos ustedes les hablo...
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Los consejos del Tío Carlos
Ayer a eso de las 4 de la tarde yo estaba durmiendo reponiéndome del post anterior, cuando sonó el teléfono. No había nadie más en casa por lo cual no me quedó otra que levantarme, y acá viene una aclaración: No es que sea una larva asquerosa que casi nunca atiende el teléfono por hongo vago y cómodo, lo que pasa es que en casa hay 4 teléfonos, conectados a la misma línea, y parece que soy la única persona que se da cuenta que si dejó de sonar, es que alguien atendió o algo así, por lo cual, si atiendo yo, lo más probable es que a los 4 o 5 segundos atienda mi vieja por otro teléfono y empiece: "Hola? Hola? Pablo? eh? quién habla?..." y toda una escena estúpida y ridícula que prefiero evitar hasta que se da cuenta que ya atendí yo. Demás está decir que si en casa también está mi viejo, la situación se repite o incluso llegan a formarse teleconferencias entre las 4 personas.... blah. La cuestión es que por eso dejo que atienda alguien, y si es para mí (10% de las veces, dato no menos importante) me avisen.
Bueno, pero la hazaña no fue haber atendido el teléfono, la hazaña fue haber atendido el teléfono y que sea el Tío Carlos y que no haya nadie en casa para pasárselo lo más rápido posible. "El Tío Carlos" a.k.a. "Carlitos" es un primo de mi vieja, un chabón tiro al aire, chamuyero a morirrrrr pero mal, de esa gente que se piensa que te explica la teoría de la relatividad aplicada a los viajes en el tiempo y después como una caída en la bolsa de Tokyo afectó el impuesto a los cigarrillos, sin haber terminado 6to grado. Un show total, un pariente impresentable. Encima cuando se pone en "intelectual" (y acá viene otro dato de color) pone una voz como imitando el acento español, cosa que se debe pensar que le da un aire de sabiduría extra (?). Mi viejo lo escucha callado, con una media sonrisa, contesta monosílabos y falsea toda una imagen para no contradecirlo y que se vaya rápido. Mi abuelo charla con él y se entretiene como si estuviera viendo un programa cómico en la tele.
Escudado en la frase: "Pablito, nosotros nunca hablamos..." estuvo aproximadamente una hora y media dándome pseudo-consejos, transmitiendome enseñanzas y demás. Triste, todo muy triste. Llegó un punto en donde empecé a darme cuenta que todo lo que me "enseñaba" no eran más que excusas que se le habían ocurrido en sus 56 años para justificar todas las boludeces que hizo y todas las cosas que dejó de hacer. Es una lástima que me ponga a escribir sobre esto hoy, 24 horas después, y que no las haya anotado en tiempo real, pero bueno, las que se destacaron fueron estas:
- Con las minas, a las más bonitas cogételas, a las más feas haceles el favor. - Salí y divertite, pero volvé antes de las 8 (ésta no la entendí). - Tené en cuenta esto: Primero vos, segundo vos y tercero vos. - Los que más saben son los que menos comprenden. (Esta la debe haber usado para justificar por que nunca estudió nada). - No quieras nunca a nadie, salvo a tus padres.
Ah, y también me quizo encajar a la hija de la mina con la que vive.
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El día de ayer empezaba de una manera formidable: Día sábado, 8 de la mañana, Jaquito arriba de un bondi viendo a través de la ventanilla como se iba a empapar cuando se baje para ir a la facultad. En cualquier momento de mi vida imaginaría esa situación como una de las más terribles, pero por alguna extraña razón que aún ignoro, no fue así. Me encontré caminando con la frente bien alta, sin paragüas (los odio), al punto en que ya no te importa si llueve, graniza, o si pisaste una baldoza floja. Ya no me importaba cruzar la calle Rocamora a nado, no me importaba nada, estaba empapado y estaba todo bien. Loco, todo muy loco.
El resto del día carece de importancia, por lo cual nos trasladamos unas 12 horas en el tiempo. La noche empezaba con un Jaco- cruzando corriendo el puentesito peatonal de la estación de Caseros para ir a comprar un boleto que nunca le iban a pedir y tratando de no perder un tren que no iba a llegar hasta media hora después. Todo un esfuerzo al divino botón.
Conclusión parcial: Preguntarle al boletero de la estación a que hora viene el tren es completamente ineficaz desde el punto de vista informativo.
Tren, bondi, me bajo. Estar en Plaza Gral. Lavalle con una guía T en la mano y preguntarle a un solitario transeunte: "Che, ¿desde acá como salgo al Colón?" y que te señale un edificio que está a 10 metros en frente tuyo y te diga: "Ese es el Colón pibe...", no tiene precio.
Encuentro, bondi, ubicación urbana (esta vez magistral) mediante llegamos a Planta Baja, un lindo barcito de techos altos, luces tenues y sillones psicodélicos combatiendo la ley de la gravedad. Un cumpleaños muy bonito entre picadas, cervezas, daikiris chorreantes, bloggeros, jugo de tomate frío y kerosene (del tobara) con pasto que me hicieron creer que era un trago. Bueno, un poco de música, fotos, insultos al MSN...
Frase de la noche: "Bill compró el mundo, y nosotros estábamos adentro."
Taxi, con rumbo a esos lejanos y extraños parajes donde los placeres de la vida se amalgaman. Peculiar y generoso souvenir herbáceo.
Retirada. Frío, pero mucho, MUCHO frío, y yo en remera aunque esperar el colectivo frente a Requiem a eso de las 7 de la mañana es algo realmente divertido. El bondí tardó una eternidad y juro que cuando llegó el chofer se reía, ¡se cagaba de la risa!. Forro.
Y nada más.
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